Partimos desde Albacete -la alquería denominada Al-Basit (la llanura) por los árabes-, el núcleo urbano con mayor número de habitantes de toda Castilla-La Mancha (más de 155.000) y que está emplazado en Los Llanos que llevan su mismo nombre. En la actualidad, la ubicación del Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha y del Campus Universitario dedicado a ciencias de la salud, enseñanzas técnicas, humanidades y ciencias sociales, responde al propósito de mejorar como centro de servicios de primer orden. Recorrer los escasos 13 kilómetros de la N-430 que separan Chinchilla de Albacete es viajar al pasado y conocer uno de los pueblos con más encanto de España. La Ciudad de Montearagón, de las más antiguas de la provincia, es arrebatadora y sorprendente: una joya medieval prácticamente intacta. Chinchilla es castillo y muralla, palacios, baños árabes, templos y conventos que dan sustancia y forma a un casco urbano orgulloso de su linaje, de sus calles empedradas y empinadas y, en fin, de una bella nobleza que transporta al visitante el espíritu sólido y belicoso de la Edad Media. Camino hacia Almansa, parada obligatoria en el Santuario de Nuestra Señora de Belén, patrona de la ciudad, donde destaca su templo barroco del siglo XVII, de planta rectangular, coro alto a los pies y magnífico retablo barroco de principios del siglo XVIII; es también interesante el camarín construido en ese mismo siglo, con cúpula y vistosas pinturas murales y pavimento de buena azulejería. La siguiente etapa nos lleva a Almansa, cuyo urbanismo viene configurado por una serie de callejuelas que circunvalan la enorme roca -el cerro del Águila- coronada por su célebre castillo, espectacularmente erguido sobre el llano, el mejor conservado de la provincia, el más representativo de Castilla-La Mancha y uno de los más bellos de España. Su forma es rectangular y se divide en dos recintos a distintas alturas. En la parte más elevada, hay una muralla rematada en almenas y, en la parte más baja, hay torreones. En la zona de mayor altura del recinto, se localiza la torre del homenaje que es de grandes dimensiones y que se encuentra rematada en almenas. Abandonamos Almansa para ir hasta Alpera, conocida por sus pinturas rupestres levantinas, que se pueden observar en las cuevas de La vieja y de El Queso. Además, también nos podemos entretener en la iglesia parroquial de estilo barroco del siglo XVIII, que tiene dos portadas, una dedicada a Santa Marina de finales del siglo XVII y principios del XVIII y otra dedicada a San Juan Bautista, de tendencia neoclásica. Además, Alpera posee otra ermita barroca, la de San Roque, del siglo XVIII con planta de cruz griega y cúpula en el crucero. Por último, acudiremos a Alcalá del Júcar, uno de los pueblos más espectaculares y pintorescos de la zona gracias en parte a su situación y al excepcional paisaje que forma la hoz del Júcar. Sus casas de arquitectura popular, excavadas en la montaña, se adaptan al terreno en calles estrechas y empinadas, trepando hacia el castillo que se asoma a la hoz que forma a sus pies el río. Declarada conjunto histórico-artístico desde 1982, le fue concedido el tercer premio, después de la torre Eiffel y la Gran Mezquita de Estambul, a la mejor iluminación artística, en 1986.
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