
Me hice amigo del piloto del helicóptero del mundial, y en 2004 me llevó, entre sesión y sesión de entrenamiento a dar un garbeo por las alturas... Perdón, que soy Héctor Barberá... Casi no me presento. Estoy aún pensando en aquella experiencia de 2004. Este circuito es de los más bonitos del mundo desde el suelo, pero desde el cielo te quedas sin habla... y también pillé un mareo de campeonato. Pero me encantó. Y de unos años para acá la convivencia ha mejorado mucho... Sí, sí, la convivencia con los vecinos de las gradas. Que son la mayoría naturales y durante la semana del gran premio aparcan y acampan muchos aficionados. Porque, por la noche, se puso de moda conectar un motor de motosierra con un tubarro de un metro a un amplificador y dar el conciertazo noche tras noche. Antes, dormir en el motorhome en el pádoc de este circuito era casi imposible. Yo recuerdo haberme escapado con el scooter por el vial de seguridad anocheciendo, o incluso por algún acceso a la pelouse y ya que no podía dormir, por lo menos seguía la fiesta. Bueno, que me tengo que preparar para el primer libre. Hasta luego.










