Para que luego digan que no nos empapamos de la cultura de los países a los que viajamos. Hola familia, soy Héctor Barberá, y estoy disfrutando mucho de mi estancia en Estados Unidos. Ayer tuve un día completito, después de los primeros entrenamientos del Gran Premio de Indianápolis, fui a la subasta de Riders For Health que se organiza en algunos grandes premios. El público americano es la pera, no dejan de animar, vienen en manada y les encantan las motos casi tanto como a nosotros. Lo viven a su manera. Cedí unas botas firmadas y recaudaron 250 dólares por ellas, todo sea por una buena casa. Después me fui pitando al Lucas Oil Stadium, el estadio de fútbol americano local. Sencillamente gigantesco, magnífico. Había partido, y de los buenos, los Indy Colts contra los Green Bay Packers. El estadio estaba repleto, me llamó la atención ver cómo se emocionan los espectadores con el himno, cómo van todos pertrechados con la camiseta oficial, y cómo un centenar de soldados americanos extienden una bandera descomunal en toda la superficie del terreno de juego, antes de que empiece el partido. La verdad es que de las reglas no tengo ni idea, pero el montaje es alucinante. Luces, pantallas, fuegos artificiales cuando marcan un touch down los Indy Colts, y cómo no las cheerleaders, qué gusto verlas animar. No me quedé hasta el final porque hoy tenía que madrugar, pero la experiencia mereció la pena.










